
Me llamo Mauricio Soto. ¡Encantado!
Cuando me preguntan por qué he pasado casi treinta años en como traductor e intérprete, recuerdo mi infancia a principios de los 80. Como hispano, crecer con el español como lengua materna era todo mi mundo, hasta que la ola cultural global de esa época me enganchó por completo.
Mi obsesión con el inglés empezó a través de la radio, tratando de descifrar las letras de los íconos del pop de aquellos años. El francés entró en escena en mis dos últimos años de la secundaria. El alemán apareció en mi vida de la forma aún más inesperada: por la revista Bravo. Me quedaba mirando las páginas coloridas de esa revista de cultura pop alemana, completamente alucinado por un idioma que no se parecía a nada conocido. Quería entender los artículos, la cultura y a la gente alemana. Me di cuenta desde muy joven de que el inglés, el francés y el alemán eran las llaves de un mundo mucho más amplio, amplio y no tan ajeno).
Trabajar en y con idiomas extranjeros es la brújula que guía mi vida. En 1996, ya había convertido mi sueño en realidad, y fue así que me hice traductor e intérprete profesional.
A mis 50+ años, con tres décadas de trabajo a lo largo de Sudamérica, Estados Unidos y Europa, mi perspectiva sobre la comunicación ha evolucionado. El idioma no es un acertijo por resolver ni un conjunto de reglas rígidas para memorizar; es un ecosistema. Por eso, ofrezco servicios lingüísticos holísticos.
Cuando un cliente acude a mí, ya sea porque necesita traducir un texto complejo o una mentoría personalizada para hablar con autoridad, tomo en cuenta cada factor. Analizo el panorama completo: los matices culturales, lo que no se dice explícitamente, la intención emocional y el objetivo final. La traducción humana consiste en garantizar que tu voz llegue al otro lado con el corazón y el propósito intactos.